La Encuesta del Barómetro Latinoamericano realizada en todos los países de América, entrega datos preocupantes sobre el estado de la política y de los partidos, incluso más en Chile que en otros países del continente.
Si bien hay un alto grado de adhesión a la democracia como sistema político (76,1%), este dato baja significativamente cuando se habla de los grados de satisfacción con la democracia a poco más de la mitad de los encuestados (53,9%); a un tercio cuando se refiere a la satisfacción con los partidos (37,6%); a un cuarto cuando se pregunta por el interés de los ciudadanos hacia la política y por jugar roles en ella (24,8%) y a poco más de un décimo cuando se pregunta por la simpatía hacia los partidos políticos (11,6%).
Es obligatorio el debate con la ciudadanía sobre la calidad de la política y el represtigio de las instituciones sobre todo cuando -como lo muestra esta encuesta y otras- se observa una drástica desafección de la ciudadanía hacia lo político, sus instituciones y en particular hacia los partidos políticos, que aparecen muy mal evaluados por los chilenos.
Esto es preocupante porque los partidos políticos continúan siendo esenciales para el funcionamiento del sistema democrático y si por estos solo se sienten representados poco más de un 11% de la población, eso revela un grave problema de fondo del funcionamiento de nuestra democracia.
Es cierto que esta es una tendencia global y que las causas son múltiples. En Chile, como en otros países, se observa una creciente desideologización y personalización del voto. Electores que “vitrinean”, que votan más por las ofertas puntuales de los candidatos y por como ellas responden a sus aspiraciones personales o por la empatía y carisma del mismo, relativizando la importancia de su pertenencia a un determinado sector político o ideológico. Read the rest of this entry »

