
Foto de Theresa Thompson bajo licencia CC
La promesa que el sistema político hizo a los jóvenes para su integración es la inscripción automática y el voto voluntario y que modificar eso, rigidizándolo y estableciendo el voto obligatorio resta legitimidad al proyecto.
El voto, expresión más emblemática de la ciudadanía, es antes que nada un derecho y así fue consagrado desde la Revolución Francesa en adelante. Justamente porque es un derecho queremos establecer la inscripción automática, es decir, que a una persona se le reconozca este derecho ciudadano directamente al cumplir 18 años, sin ningún tipo de trámite burocrático que condicione o limite su derecho. Pero, a la vez, la voluntariedad del voto es una componente esencial de este binomio ya que reconoce que el derecho se ejerce de acuerdo a la autonomía individual de la persona la que decide ejercerlo como una manifestación clara de su adhesión a un determinado proyecto, programa o candidato.
Me parece esencial que si todos los chilenos mayores de edad quedarán automáticamente inscritos para votar no sean obligados por el sistema político a ejercerlo cuando el sistema político lo imponga, sino que se respete la autonomía de la persona para disponer de su voto y no votar es también una manera extrema de votar, es decir es una manera de expresar rechazo, descontento o malestar al sistema político en un determinado momento.
En una sociedad moderna la autonomía de las personas para decidir sobre sus cosas debe ser consagrada y ello es parte de una mirada de la libertad que no se puede conculcar en el altar de preservar la representatividad del sistema político a través de la obligatoriedad del voto.
Si el sistema político teme no ser representativo y teme que los inscritos automáticamente no voten sin ser obligados a ello este es un déficit del sistema político que este debe corregir. Si se quiere el voto entonces hay que mejorar la calida de la política, los partidos deben dejar clanes cerrados, la transparencia debe ser una norma, los programas deben incorporar ofertas atractivas a los jóvenes, los candidatos deben ser elegidos en primarias, el sistema electoral debe promover el respeto de la soberanía popular y del pluralismo es decir se debe avanzar en la democratización del sistema político y no puntar a la coerción, por débil que esta aparezca, para garantizar falsamente este propósito.
Por ello, soy partidario de mantener la propuesta original del gobierno de la Presidenta Bachelet: “inscripción automática y voto voluntario” y que los partidos y los políticos se ganen el voto de la gente con una mejor política y una mejor oferta de rostros y no con la violación de la autonomía personal que yo tengo de ejercer mi voto y de determinar cuando hacerlo.
Las experiencia en los países europeos donde el voto es voluntario es que la población vota en altos estándares cuando las propuestas o los candidatos son atractivas y no hay, de cualquier manera , una abstención alarmante. En algún momento, el sistema político tiene que atreverse a estar en el trapecio y hacer sus piruetas sin la red de protección.
No hay, ningún dato empírico serio que avale determinados argumentos que se han entregado por parte de la clase política de que de no votar esto perjudicaría a los jóvenes, que habría menos equidad hacia ellos, etc. Los jóvenes ya no votan y la oferta de inscribirlos automáticamente solo es atractiva si ellos deciden cuando y como votan y eso espero que los políticos lo respeten.